domingo, 20 de septiembre de 2015

PELEADO CON EL MAR


Todos tenemos algún lugar al que no queremos regresar, un lugar en el que fuimos felices o infelices o donde fuimos un poco de ambos. Y nos aseguramos que dicho lugar no aparezca en nuestra ruta.  Pero la verdad es que ansiamos regresar a ese espacio y a veces, lo que es peor aún, necesitamos regresar al mismo. ¿Por qué? Por distintos motivos, tejidos en nuestra historia personal, elaborados a golpes o caricias del camino.


Es que los lugares nos hablan gritando y es imposible no escuchar su voz engarzada al recordar... ya lo dije antes creo, re (de nuevo) y  cordis (corazón) o sea traer de nuevo el corazón o pasar de nuevo por el corazón.

El mar no me gusta, desde el primer día del año dos mil ocho (Si mal no recuerdo para los judíos el mar es símbolo del mal y creo como Fausto, sí ese personaje universal de Goethe, que es una pena que tanta energía se desperdicie). Ese fue el última día que el mar me pareció gracioso, adormecedor, cadencioso.  Sentado frente a las rocas, observando la salida del sol, olvidaba que la gente a mi alrededor celebraba en estado etílico el inicio de un nuevo camino del planeta alrededor del sol. Yo, la noche anterior lo había echado todo a la mierda.

Desde ese momento, nunca regresé a la playa, tampoco sentía la necesidad de hacerlo.

Por eso cuando me propusieron ir unos días a cierta ciudad costera del norte (en Lima ni me asomo al litoral) me resulto inevitable no pensar en mi reencuentro con el mar.

Y se portó bien, la playa no estuvo anegada de gente, el sol brillaba sin agredir, los niños estaban controlados por sus padres y las mascotas cogidas por sus dueños. El color del agua como lo recordaba, en una escala de verde. Las aves se alistaban para pescar su alimento y hacer competencia a los pescadores. Las parejas de enamorados se juraban amor eterno y los salvavidas circulaban en sus espantosos vehículos. Por allí los caracoles matizaban de blanco el gris de la arena y ciertos cangrejos tonteaban en su ruta al agua. El viento suave traía olor de algas vivas y el sonido del mar invitaba a descansar.

Asumo que debemos estar contentos con las cosas que vivimos, aún no las entendamos en su real dimensión en el momento que acontecen estas, pues al volver a mirarlas bajo la lupa del tiempo adquieren otro temperamento, otro color, otra propuesta para la vida.

No es que no me haya dejado de no gustar el mar, pero hay algo que ya no me duele tanto, tal vez será que el tiempo lo cura todo. Sea como sea, él no tiene la culpa y con quietud está allí esperando para, entre otras cosas también mimar, así que no lo hare esperar.


 
PS: Espero les guste la música que elegí para esta entrada, como para escucharla frente al mar.


22 comentarios:

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    1. Nadie escapa de ese doctor estimada Amapola.

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  2. Pues sí, el tiempo lo cura todo, hombre. A mí, la vista del mar me resulta fascinante, en especial desde costa o acantilado, no desde playa...

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    1. Querido H. pensé que ya te habías casado, que estabas en todos los avatares de decorar la casa y con mucho tiempo para el ahora esposo jejeje.

      Gracias por venir por aquí.

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  3. Hola, Ari :-). Supongo que es imposible disociar los escenarios de nuestra vida con las vivencias que hemos tenido en ellos. Aunque también es cierto que el tiempo lo cura todo. Ojalá te puedas un día reconciliar plenamente con el mar. (Al fin y al cabo, forma parte de todos nosotros, porque nuestra sangre, nuestro sudor y nuestras lágrimas no son otra cosa que agua de mar...) La canción es bellísima, no la conocía, quizás algo tristona, pero me encanta. Gracias, y un abrazote, Aristio.

    PD: No te he abandonado, sólo que estoy con menos tiempo para esto, disculpa, cielín.

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    1. Pensé que habías fugado con otro blog Robert jajajaja. Espero que nos sorprendas con una nueva entrada.

      Espero lo cure todo, pues en todo caso como dice el refrán "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista".

      Tienes toda la razón, es una canción bellísima. Un abrazo.

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    1. Pues la historia del motivo debe ser interesante. Saludos.

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  5. Hola Aristos, hace tiempo que no te visito, te pido mil perdones.Para mi el mar es parte de mi vida, necesito verlo, ya es fuerte y delicado a la vez.
    El mar no tiene la culpa, somo nosotros los que echamos a perder las cosas, pero piensa que el tiempo todo lo cura, y la vida puede reservarte momentos maravillosos.
    Si te dejas arrastrar por el murmullo de las olas, seguro que verás las cosas de otra manera y si además te haces acompañar de la música que nos brindas en esta entrada el resultado puede ser encantador. Prueba y verás que bien.
    La canción preciosa, de esas que con los ojos cerrados te puede llevar a disfrutar de momentos placenteros.
    Besos Aristos.
    Puri

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    1. Si Puri, hay que dejarse llevar por la belleza de la naturaleza.

      Esta vez la canción esta que gusta a casi todos/as jajaja.

      Gracias por venir :)

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  6. Pero... el mar qué culpa tiene??
    Haz las paces con él, tan bonito que es!

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    1. Jajaja tienes razón, gracias por venir.

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  7. El mar es nuestra patria.
    La de todos.

    Saludos.

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    1. Esta vez tengo que dar la razón a los comentarios Toribio :)

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  8. Ya todo pasó -sea lo que fuere- el mar te está esperando.

    Un abrazo

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  9. Un abrazo para ti también querida Mal :)

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  10. Un lugar, o varios, en muchas ocasiones.

    A mi me causa aversión la playa, fíjate.

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    1. Mira que por allí tenemos sentimientos comunes jajajaja.

      Me pasa también a veces cuando hay demasiada gente en mi alrededor.

      Saludos.

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    2. Es mejor una zona boscosa y apartada. Siempre las he preferido.

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  11. A mí sí me gusta el mar, olerlo, verlo y sentirlo. Creo que ya son como 15 años desde la última vez que me metí por completo, ahora solo hasta las rodillas como viejita jeje pero el mar y su inmensidad me recuerda lo insignificante que puedo ser en el universo y en la naturaleza, que soy parte de un todo y aveces es mejor solo dejarse llevar. Es que aveces en vez de luchar contra el mar es mejor aprender a navegar en él. Un abashooo te extraño Aristius musculosis pequeñicus n.n

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    1. Espero me cuentes tus anécdotas candentes en Francia, jajajaja.

      Un abrazo.

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